martes, 1 de julio de 2008

El maltrato infantil no cesará hasta que el Estado se comprometa


Últimamente, la notoriedad que cobraron los casos de niños maltratados por sus padres ha sido extraordinaria. La toma de conciencia de que la problemática es más común de lo que la gente habitualmente piensa, es un gran avance para impulsar a que estas agresiones sean denunciadas tanto por las víctimas como por los testigos.

En el año 2006, tras una serie de dolorosos homicidios, se aceleró la aprobación de la Ley de Violencia Familiar. En principio, se vislumbraba un horizonte prometedor tras las ventajas y nuevas posibilidades plasmadas en la normativa.

Dentro de las novedades, se incorporó la posibilidad que el magistrado disponga de todas las medidas tendientes a la protección de la vida, lo que permitirá a los jueces actuar de manera inmediata cuando una persona denuncie maltrato u agresiones. Otro punto a destacar es la posibilidad de excluir al agresor del hogar.

Además de las medidas para actuar con efectividad, la ley estipula políticas públicas de prevención con la creación del Programa de erradicación de la Violencia Familiar. Este último tendrá como objeto prevenir la violencia familiar, impulsar procesos de modificación de patrones socioculturales de conducta, establecer tratamientos especiales de rehabilitación y reinserción para el autor de las conductas violentas.

Sin embargo, a pesar de la existencia de un marco legal apropiado, el sistema no ha podido implementar planes sociales de prevención de violencia. Esto es tal vez, la falencia más grave que resaltaron todos los especialistas consultados, tanto aquellos que trabajan fuera de la repartición pública como aquellos que son agentes de la misma.

La principal causa que se le atribuye es la falta de compromiso del Estado, tanto con la educación como con la salud de las personas. Pero también, la falta de recursos de algunas áreas especializadas que no tienen el respaldo económico para hacer cumplir las normativas.

De cara al futuro se vislumbra un período donde el Estado brillará por su ausencia en cuestiones relacionadas con el maltrato infantil. La falta de interés de parte de las autoridades no da ningún indicio de que la situación vaya a cambiar. Como ha quedado demostrado en el pasado, solo cuando aparezcan otras Ludmilas tomarán conciencia quienes nos gobiernan.

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